viernes, abril 06, 2012

Helado y palomitas


Qué bonito es el amor cuando está escrito en 320 páginas. Cuando está rodado en 94 minutos.
Ni eso, que entre que se conocen, se besan por primera vez, tienen sus primeras 500 primeras cosas, y discuten, ya no por primera vez, sino por última (que eso ya nunca sale dentro de los 94 minutos, ni en las 320 páginas, ni en las segundas partes, ni en cómo se hizo, ni en el montaje del director, ni en la entrevista al escritor) pasan, no sé, 50 minutos, 200 páginas... y al final, se acaba la obra, bonita, edulcorada, feliz, y tu cierras el libro, o salen los títulos de crédito y suspiras, imbécil, creyéndote que lo puedes todo. Que mañana saldrás a la calle y encontrarás tu versión particular de un Joseph Gordon-Levitt que coprotagonizará contigo la versión más pastel de tu verano, porque tu lo vales, uses o no L´Oreal, y, como quien no quiere la cosa, de un día para otro, acabaréis enredados en una comedia romántica de presupuesto medio apta para todos los públicos. 
Pero entonces te das cuenta de que no, que no tienes tiempo ni ganas, de que qué pereza, que llevas toda la semana de trabajo hasta arriba, que el tío este que se parece a tal o cuál actor no es tan pastel, como mucho llega a la categoría de repostería congelada del súper, con todos sus colorantes y conservantes tipo E-211 y derivados, asociados a un montón de enfermedades ya no solo para "el corazón", que también, sino para el sistema cardiovascular en general. Asique te decides por quedarte en casa mejor, más tranquila con la novela de 320 páginas o la película, que acaba bien y no hace daño a nadie. Y el lunes, al trabajo otra vez.

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