Se congeló el tiempo cuando pude ver tu cara. Como en una película, donde en las situaciones tensas los planos se alargan, viniste hacia mí en una eternidad. Y yo esperé. El ensordecedor latido de mi corazón me impedía prestar atención a cualquier cosa que viniese del exterior. Casi por instinto supe que ese era el momento. Y entonces me di cuenta de que la felicidad no se alcanza cuando te dicen que te quieren; la felicidad existe en el momento en que te lo crees.
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