En el momento que se inventó la máquina del espacio, o como en un principio se llamó popularmente “máquina del tiempo”, me atormentaba la idea de saber si el destino existía, y si era así, si el destino había contado con que el hombre inventase una máquina que contrajese el espacio de manera que, con la misma dimensión temporal, donde vivías el mismo tiempo que te correspondía en el futuro, podías viajar a tu pasado. La idea de viajar al pasado para, en lugar de morir a los 80-90 años, morir a la edad que gustases, en “el momento más feliz de tu vida” resultaba bastante atractiva, aún arriesgándote a no llegar a conocer ese momento por aferrarte al pasado antes de vivir un futuro incierto.
En un mundo donde podía elegir entre pasar mis años de vida genéticamente predeterminados corriendo hacia el futuro, o viajando al pasado, conocido pero donde las opciones eran igualmente innumerables, había que tener en cuenta diversos factores antes de tomar la decisión acertada. Viajar al pasado significaría volver a ver a los seres queridos que dejé atrás, tener la oportunidad de enmendar mis errores, vivir en un cuerpo más joven pero con el conocimiento de un adulto, volver a sentir las primeras experiencias que tan atrás en el tiempo habían quedado, pero también significaba renunciar a muchas cosas: renunciaría a la posibilidad de conocer a gente que en el futuro estaba destinada a conocer, gente maravillosa a la que no vería nunca sonreír, llorar, a la que nunca abrazaría. Entre esa gente podrían estar mis hijos, a los que nunca vería crecer, o mi marido, al que no llegaría a besar en la vida. Renunciaría a llevar la vida que a un ser humano, como a cualquier animal, le corresponde por naturaleza: nacer, crecer, envejecer y morir.
Además de ese mar de dudas, si finalmente tomaba la decisión de partir, debía saber que una vez estuviese en “mi pasado” estaría allí con todas las consecuencias, y eso significaba que la máquina aún no existiría, por lo que aunque quisiera volver al futuro no tendría la oportunidad, y tendría que esperar hasta que se inventase malgastando mis años de vida atrapada en un pasado conocido sin poder hacer nada para volver a mi futuro.
Aún así creí conveniente intentarlo, no por mí, sino porque después de más de una década seguía aferrada al mismo sentimiento de culpa, y creía que si lograba deshacerme de él, el viaje habría merecido la pena. Prepararía cuidadosamente un cuaderno con todos los detalles sobre mi pasado, narrando cada momento de los años a los que iba a viajar para arreglar los errores que me llevaron a esa situación. Había optimismo en aquel libro de memorias: "esta vez contaba con la experiencia de la edad de mi lado, y tenia confianza en que el destino no existiese en el pasado, o que no supiese viajar a través del espacio".
En un mundo donde podía elegir entre pasar mis años de vida genéticamente predeterminados corriendo hacia el futuro, o viajando al pasado, conocido pero donde las opciones eran igualmente innumerables, había que tener en cuenta diversos factores antes de tomar la decisión acertada. Viajar al pasado significaría volver a ver a los seres queridos que dejé atrás, tener la oportunidad de enmendar mis errores, vivir en un cuerpo más joven pero con el conocimiento de un adulto, volver a sentir las primeras experiencias que tan atrás en el tiempo habían quedado, pero también significaba renunciar a muchas cosas: renunciaría a la posibilidad de conocer a gente que en el futuro estaba destinada a conocer, gente maravillosa a la que no vería nunca sonreír, llorar, a la que nunca abrazaría. Entre esa gente podrían estar mis hijos, a los que nunca vería crecer, o mi marido, al que no llegaría a besar en la vida. Renunciaría a llevar la vida que a un ser humano, como a cualquier animal, le corresponde por naturaleza: nacer, crecer, envejecer y morir.
Además de ese mar de dudas, si finalmente tomaba la decisión de partir, debía saber que una vez estuviese en “mi pasado” estaría allí con todas las consecuencias, y eso significaba que la máquina aún no existiría, por lo que aunque quisiera volver al futuro no tendría la oportunidad, y tendría que esperar hasta que se inventase malgastando mis años de vida atrapada en un pasado conocido sin poder hacer nada para volver a mi futuro.
Aún así creí conveniente intentarlo, no por mí, sino porque después de más de una década seguía aferrada al mismo sentimiento de culpa, y creía que si lograba deshacerme de él, el viaje habría merecido la pena. Prepararía cuidadosamente un cuaderno con todos los detalles sobre mi pasado, narrando cada momento de los años a los que iba a viajar para arreglar los errores que me llevaron a esa situación. Había optimismo en aquel libro de memorias: "esta vez contaba con la experiencia de la edad de mi lado, y tenia confianza en que el destino no existiese en el pasado, o que no supiese viajar a través del espacio".
3 comentarios:
Time Machine (2002), la última recreación cinematográfica de la idea de una máquina semejante (y puede que la mejor de todas la versiones, por muy míticas que sean las originales...) tenía como detalle más importante y a diferencia de sus predecesoras, el hecho de destacar cuestiones de sentimientos como las que sugieres aqui...y si a eso le añadimos la fantástica banda sonora de un "novato" revelación (por aquel entonces) como Klaus Badelt pues... hace que sea inolvidable.
A mi de hecho me ha sonado en la cabeza esta música mientras leía tu blog: http://www.youtube.com/watch?v=XPQDVU4pfwA
Te gustará :)
Gracias! no la he visto pero me la apunto porque la idea de las máquinas del tiempo es algo que me obsesiona ^^ ¿todo bien por ahí? bss
Creo que cometes un error montándote en esa máquina. Creo, para empezar, que si retrocedes para andar el mismo camino vivido, cometerás si no los mismos errores, otros similares, al fin y al cavo no conoces otro camino que el ya recorrido, ni otras bifurcaciones que las ya escojidas.
Instintivamente te decantarás por una vida similar si no igual a la ya conocida y sobre la única sobre la que puedes mejorar cosas, es lo único que conoces y con lo que puedes comparar así que te pasarás tu 2ª vida poniendo parches sobre la primera, sin sentir esa sensación tan fabulosa que es la de asombrarse ante los vericuetos de la vida, que es la de vivir lo efímero del momento y de las personas. Habrá personas que se van, pero seguramente allá otras que te estas perdiendo la posibilidad de conocerlas mejor porque el prisma del pasado no te deja ver que el futuro depende de éste y de su asimilación.
Realmente si creo que haya una máquina del tiempo, tiene forma de cama y nos permite todos los días corregir los errores del pasado, nos permite todos los días levantarnos con los ojos de el niño que hemos dejado de ser, ese es el problema, que nos tomamos la vida demasiado en serio, ¿un niño comete errores? ¿es feliz? ¿se pregunta si debe cambiar para ser más feliz?
El niño es, y lo es en todo momento, y disfruta en todo momento. ¿por qué un adulto se hace preguntas absurdas que un niño no se hace?
Luchando por lo que queremos y no pensar en el pasado creo que es la mejor forma de volver al pasado a mejorarlo, hacerle ver que nos ha valido para ser mejores.
De todas formas, ¿para que vale una libreta con las cosas que mejorarías, si hay otras mil cosas que deberías hacer igual para volver a vivir lo que has vivido y poder así cambiar lo que te plazca a tí y a tu libreta? No cometerías los mismos, si no más errores. Te convertirías en una máquina de actos, en un ser mecanizado más preocupado por mejorar lo que tu crees que está mal y se te olvidaría vivir. La vida, una, no admite vuelta atrás.
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