Aposté al caballo perdedor como única manera de ganar la carrera.
Monitoricé los latidos de un corazón que no existía.
Jugué a perder el norte para que él conociera mi sur.
Y al final, lloré más dejándole que cuando él me dejó.
¡Qué culpa tengo yo de que nunca existieras!

2 comentarios:
me encantan todas tus entradas =)
besos!
Muy bueno!
Publicar un comentario