miércoles, diciembre 28, 2011

Crónica de una lenteja


Soy una lenteja de algodón, nací entre algodones. No os penseís que eso quiere decir que sea la princesa de las lentejas, ni que me traten muy bien, ni que tenga un montón de sirvientes; mi vida es realmente dura.

Habitaba en un envase de yogur Danone natural (del normal, no azucarado) de los de plástico de protección oficial; el salario de mi familia no nos dió la posibilidad de elegir uno de cristal. Compartía este minúsculo apartamento de una sola habitación con mis dieciocho hermanas y mi padre. 

Nos riegan muy de vez en cuando. Mi mayor problema es eso de que nos pongan al sol porque se evapora el agua y nos quedamos en ese algodón duro y seco durante días sin que nacie oiga nuestros gritos de socorro. Ahora bien, cuando lo hacen, se pasan con el agua y muchos de mis familiares (papá lentejo es uno de los más recientes) han muerto ahogados. Cuando nos echan tanta agua además se pudre y desprende un olor muy desagradable.
 
Pero a lo que iba, el otro día nos cambiaron los algodones porque se habían podrido, y en la migración hacia el nuevo país del envase de natillas, cayeron en el intento cinco de mis hermanas. Esta semana nos han llevado de excursión al colegio; y cuando nos han arrancado de los algodones para ver nuestas primeras hojitas siete de mis hermanas se han quedado mancas y con grandes lesiones irreversibles (les han arrancado las raíces que estaban enganchadas en el algodón). Sé que morirán en unos días.
 
Mi vida sigue y escribo este diario por si algún día de estos llega mi hora y alguien puede recoger tan trágicos sucesos y proclamarme Santa. Vivimos en un sistema opresivo donde el Darwinismo impera; por ello suplico la formación de una asociación de la protección a la lenteja Pardina de La Bañeza para evitar tales desastres y que otras legumbres más jóvenes que yo (y con más vida por delante) tengan un futuro mejor.

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