Lo suyo había sido amor a primera vista; no como el de las películas o como el de las novelas rosas, pues, si lo pensaba, nunca había sonado música en su historia, ni habían corrido el uno hacia el otro a cámara lenta, no se habían fundido en un emotivo abrazo, ni él había ido a ninguna estación en una tarde lluviosa a buscarla. Tampoco le había dejado su chaqueta en una tarde de frío, ni se habían tocado accidentalmente mientras cocinaban, ni siquiera le había comprado flores; pensándolo mejor, nunca le había comprado nada de nada, quitando esa taza de chocolate…pero eso no contaba, no era romántico. Aún así eso era amor a primera vista, porque la primera vez que la vio, abrió mucho los ojos, como si nunca hubiese contemplado nada igual antes, y suspiró pensando en lo mucho que deseaba tenerla, e inspiró el aroma que ella dejaba y le pareció lo más dulce que jamás había percibido... Le pareció sin duda que si por algo debía morir debía ser por ella. Decididamente entró y se presentó, pidió aquella tarta y, en contra de las indicaciones de su médico, y aún sabiendo que ninguna inyección de insulina podrían contrarrestar los efectos de aquella construcción perfecta de profiteroles en un equilibro imposible de chocolate y caramelo, solicitó una taza de chocolate caliente para saborear hasta la última lágrima del dulce que resbalaba por el plato.
2 comentarios:
simplemente, genial!
@desatinos controlados: muchas gracias! :)
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